Minific
** Entregando el corazón **
Por Perla Gutiérrez

Él miraba a través de la ventana como una ligera lluvia caía sobre todo lo que se extendía fuera de su cálida habitación, sobre cada planta, cada árbol, y el cielo nublado haciendo una sensación de nostalgia y melancolía en su alma. Más no era solamente la lluvia que llegaba esa mañana, sino el sueño vivido la noche anterior, lo que en su alma producía gran melancolía. Y recordaba ese sueño con la mirada perdida, deseando no haber despertado aún, reaccionando a la realidad de sus sentimientos descubiertos en el sueño, considerando que todo sería diferente a partir de este momento. Como deseaba tener la oportunidad de vivir un día ese sueño, una conversación similar, pero con un final feliz.
Paseaba por un bosque en compañía de ella, como varias veces lo habían hecho últimamente en sus ratos libres. Y se sentía tan bien su compañía, que realmente la felicidad podía definirse con ese instante. No le hacía falta nada previo, ni necesitaba nada posterior que no fuera la compañía de esa linda joven. Se detuvieron frente al lago en medio del bosque, y mientras ella se acercaba a disfrutar la brisa, él se detuvo a unos metros disfrutando de esa visión embelesado.
- ¿qué pasa Albert? – pregunta ella inocentemente, volviéndose hacia él – te has quedado serio de repente.
- Yo… estaba pensando que no es necesario que viajes a otro lado buscando el amor, porque yo te amo.
- He visto esa intención en ti, mas he callado, porque siempre pensé que era mi imaginación.
- Entonces, ¿me correspondes?
- No… perdón, no he dicho eso. Sé que siempre estás conmigo y cuento contigo, pero no estaría bien, aunque quisiera, no podría corresponderte.
- No deberías decirme que no, porque sé que en secreto te muerdes los labios por decir que si.
- No, no es que quiera decir si. Mi respuesta es que no, porque hay más cosas que tomar en cuenta para decir que sí, que tan solo decirlo y ya.
- Pero entonces, ¿porqué siempre estás conmigo? ¿porqué soy primero en tus planes? Sé que sientes por mi lo mismo que yo por ti.
- Ya por favor, no me digas nada. No te puedo corresponder.
- De poder, siempre has podido. De querer es de lo que te has resistido. Aunque sé que en tu mente doy mas vueltas que un rehilete, y que tratas de no verme cuando paso a tu lado, pero igual miras al cielo pidiéndole a Dios que te eche una mano, porque sabes que ese cosquilleo que te recorre el cuerpo cuando estoy más cerca de ti, es tu cuerpo que reacciona a mi aroma.
- Si, es cierto, me resisto… porque sé que no puedo, porque sé que no debo, y tienes razón, lo confieso, entre más me resisto mas quiero. Por eso, por favor, no me acoses más.
- Sabes que te amo, y ahora sé que me amas. Así que daré el primer paso. Sólo cierra los ojos, y prepárate a sentir el beso mas dulce y tierno que jamás en la vida te hayan dado. Sentirás el calor y el vigor de mis labios y el tiempo se volverá eterno. Tu inocencia quedará intacta, pero tu deseo será complacido. No hagamos caso de la gente, hagamos lo que manda el corazón, aunque tu misma razón se opone tajantemente.
- Mi corazón varias veces me ha traicionado, y en el proceso se daña a si mismo. Se que si confío en él, no será la excepción, así pues, no le puedo confiar mi vida a mi corazón. Y no es que signifique que mi corazón me aconseje corresponderte; más en el caso que tus dulces y excitantes palabras lo conquisten… aún así lo ignoraré.
- Pero no confíes tu vida a tu corazón. Confía tu corazón, tu mente, tu alma y tu cuerpo entero a mi vida, y hagamos que el amor que siento por ti trascienda más allá del cielo eterno. Hoy hagamos la excepción de romper las reglas, dando alas y satisfacción a tus deseos de niña inocente, y desatando la furia de mi corazón que te envolverá hasta la locura. Sólo dame un beso por hoy, y me conformaré felizmente, seguiré en el camino en el que voy, y de ti estaré muy pendiente.
- Aún así, lo siento… no.
Albert despertó abruptamente, y ya no pudo conciliar el sueño. Y en eso pensaba de pie frente a su ventana, que la bella Paola le había robado el corazón, y en algún momento él debía decírselo. Y aún sigue frente a su ventana, con esa duda que lo atormenta. Y sólo nuestra amiga Paola podrá resolvernos este misterio y dar felicidad al corazón de Albert.

Dedicado a Paola, del grupo Albertmanía…
así que obvio, su respuesta es sí.